Lectura

El lugar donde nos recibe el escritor Esteban Ascencio se encuentra habitado por el espíritu de Don Quijote de la Mancha. En prácticamente todos los espacios, las figuras que representan al mítico caballero de la triste figura, “enemigo de molinos de viento,” nos observan; también nos acompañan fotografías de Juan Rulfo y Ernesto Sabato. Se pueden observar por doquier libros, cientos de ellos, inevitable no encontrarse alguno a cada paso. Más que un cuarto de trabajo, es un auténtico “laboratorio de literatura.”
Su despacho es un laberinto; un mundo fabricado con hojas de papel, tomos engargolados, lapiceros, engrapadoras, fax, computadora, libreros y carpetas plásticas que aprisionan información concerniente a Laberintos Ediciones. De un librero cuelga la fotografía en blanco y negro del legendario luchador Mil Máscaras: en ella, luce imponente. La imagen se encuentra dedicada y autografiada. Y es que este deporte es una de las pasiones del maestro Ascencio: en el mismo contexto, se distingue desde una repisa la pequeña figura del gladiador Oro, atleta fallecido en plena función en la década de los años noventa.     

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